Nutrición desde el primer momento: una clave para responder ante emergencias
Nutrición desde el primer momento: una clave para responder ante emergencias
Una emergencia no solo puede dejar a una familia sin alimentos: también puede interrumpir el acceso a agua segura, servicios de salud y condiciones adecuadas para preparar y conservar la comida. Por ello, la atención nutricional debe formar parte de la respuesta humanitaria desde sus primeras etapas y no limitarse a una acción posterior a la crisis.
Este enfoque cobra especial relevancia en Guatemala. La Evaluación Nacional de Seguridad Alimentaria (ESA) 2025, elaborada por la Secretaría de Seguridad Alimentaria y Nutricional (SESAN) y el Programa Mundial de Alimentos (PMA), señala que uno de cada cuatro hogares del país se encuentra en situación de inseguridad alimentaria. El estudio también identifica una relación entre esta condición y una menor frecuencia y diversidad en el consumo de alimentos.

A esto se suma la vulnerabilidad del país frente a fenómenos como sequías, inundaciones, tormentas, deslizamientos y sismos, que pueden afectar de manera inmediata el acceso a alimentos, agua y servicios esenciales. En enero de este año, UNICEF y la Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres (CONRED) reforzaron la capacidad de respuesta ante emergencias con suministros destinados a garantizar condiciones básicas de agua, higiene y protección para las familias afectadas.
Síguenos en X Soy Positivo Oficial
“En una emergencia, la alimentación no puede abordarse únicamente desde la cantidad de comida disponible. También es necesario evaluar el estado nutricional de las personas, sus necesidades particulares y las condiciones en las que los alimentos pueden ser preparados, almacenados y consumidos de manera segura”, explicó Pamela Arias, nutricionista de NIPRO Guatemala.
Actuar antes de que la emergencia agrave la malnutrición
La experiencia reciente en Guatemala demuestra que la detección temprana puede ser determinante. En comunidades afectadas por sequía, brigadas integradas de salud y nutrición apoyadas por UNICEF evaluaron a 6,000 niños y a 4,000 adolescentes, mujeres embarazadas y madres lactantes. La intervención identificó 46 casos de malnutrición aguda y determinó que 60 % de estos casos no habría sido detectado sin el despliegue de las brigadas.
Este tipo de acciones responde a una tendencia internacional: pasar de una atención exclusivamente reactiva a modelos de preparación y acción anticipatoria, capaces de identificar riesgos y movilizar recursos antes de que una crisis tenga consecuencias mayores.
“La prevención y la detección temprana son fundamentales. Evaluar el estado nutricional, identificar a las personas con mayor riesgo y asegurar intervenciones adecuadas puede evitar que una situación nutricional se deteriore durante una emergencia”, agregó Pamela Arias.
De atender la emergencia a fortalecer la recuperación
La nutrición tampoco termina cuando pasa la fase crítica. Una respuesta adecuada debe contribuir a que las personas recuperen su estado nutricional y reduzcan el riesgo de complicaciones posteriores.
En este sentido, las intervenciones pueden incluir evaluación y seguimiento nutricional, orientación sobre alimentación e hidratación, acceso a micronutrientes cuando sea necesario y coordinación con los servicios de salud.
Guatemala ha registrado avances en algunos indicadores nutricionales. La ENDESA 2025 reporta una prevalencia de desnutrición crónica de 42 % en niños menores de cinco años, frente al 46.5 % registrado por la ENSMI 2014-2015. Aunque representa una reducción, la magnitud del indicador evidencia que la nutrición continúa siendo un desafío estructural que requiere intervenciones sostenidas, incluso fuera de los períodos de emergencia.
En el marco del Día Mundial de la Asistencia Humanitaria, que se conmemora cada 19 de agosto, incorporar la nutrición a la conversación permite ampliar la definición de una respuesta efectiva: no se trata solamente de entregar alimentos después de que ocurre una emergencia, sino de anticipar riesgos, identificar necesidades y proteger el estado nutricional de las personas antes, durante y después de una crisis.
Para Guatemala, donde las condiciones de inseguridad alimentaria pueden profundizarse ante fenómenos climáticos y otras emergencias, fortalecer esta capacidad de respuesta representa una oportunidad para proteger la salud de las poblaciones más vulnerables y favorecer una recuperación más rápida y sostenible.
Lee también Amanco Wavin impulsa la ingeniería digital en Guatemala con Geosoft 4.1

Dejar un comentario